En el ministerio, a menudo veo a parejas llegar agotadas, convencidas de que el amor se les acabó o que sus diferencias son irreconciliables. Sin embargo, al hablar con ellos, casi siempre descubro que el problema principal no es la falta de amor, sino algo más profundo: están intentando correr la carrera del matrimonio con el tanque emocional completamente vacío.

Dios creó al ser humano con necesidades físicas, espirituales y emocionales. Cuando fuimos diseñados, Dios estableció el matrimonio como el contexto ideal para satisfacer esas necesidades. Cada uno de nosotros lleva un "tanque emocional". Cuando ese tanque está lleno, el amor, la paciencia y el perdón fluyen con naturalidad. Pero cuando se vacía por el exceso de trabajo, los conflictos no resueltos o el descuido diario, la relación se vuelve vulnerable. Surgen la irritabilidad, la distancia y las tentaciones fuera del hogar.

¿Cómo comenzamos a llenar el tanque de nuestro cónyuge?

Debemos entender que hombres y mujeres fuimos diseñados de manera distinta:

Si hoy sientes que tu relación está atravesando una sequía, no te desanimes. No busques llenar esos vacíos en distracciones o escapes. Toma la decisión de conocer el corazón de tu pareja, aprender su lenguaje de amor y pedirle al Espíritu Santo que te guíe para ser el instrumento que llene su tanque cada día.