Una de las grandes frustraciones dentro del matrimonio ocurre cuando ambos cónyuges pueden decir sinceramente: "Yo sí te amo", pero uno de los dos no se siente amado.
¿Cómo puede suceder esto?
Porque amar a alguien no significa automáticamente que entendemos sus necesidades.
Muchas veces damos amor de la manera en que nosotros quisiéramos recibirlo, en lugar de aprender a darlo de la manera en que nuestro cónyuge lo necesita. Y ahí comienza una parte importante de aprender a amar mejor.
Tu pareja no necesariamente necesita lo mismo que tú
Dios nos creó diferentes. Esas diferencias no tienen que convertirse en obstáculos. Cuando aprendemos a comprenderlas, pueden enriquecer nuestro matrimonio.
En términos generales, existen necesidades emocionales que suelen ser especialmente importantes para la mujer y otras que suelen tener un peso particular para el hombre.
Una esposa, por ejemplo, necesita afecto. No estoy hablando solamente de intimidad sexual, sino de ternura, palabras de amor, atención, abrazos y pequeños detalles que le recuerden: "Eres importante para mí. Te amo. Te valoro".
También necesita ser escuchada.
Muchas veces, cuando una esposa comparte algo, el esposo inmediatamente comienza a buscar una solución. Queremos arreglar el problema. Pero quizá en ese momento ella no busca una solución, sino una conexión.
Escucharla atentamente puede ser una de las maneras más sencillas y poderosas de comunicarle amor.
También son importantes la apertura y honestidad, la seguridad financiera y saber que su esposo está comprometido con la familia. Cuando ella percibe que no está cargando sola con el hogar, los hijos y el futuro, encuentra mayor seguridad emocional.
¿Y qué necesita él?
Una de las necesidades emocionales más importantes para el hombre es el respeto.
Un esposo puede enfrentar muchas presiones fuera de casa, pero necesita saber que dentro de su hogar hay alguien que cree en él, reconoce sus esfuerzos y lo honra.
Esto no significa que una esposa nunca pueda estar en desacuerdo con su esposo. El respeto no significa silencio. Significa aprender a expresar incluso nuestras diferencias sin desprecio, humillación o crítica destructiva.
El hombre también necesita amistad dentro del matrimonio. No solamente necesita una esposa con quien pagar cuentas, resolver problemas y criar hijos. Necesita una compañera con quien pueda disfrutar la vida, reír y crear recuerdos.
También son importantes para él la atracción, un hogar que funcione como refugio emocional y saber que su esposa está orgullosa de él. Las palabras sinceras de admiración pueden impulsarlo a crecer mucho más que la crítica constante.
Vuelve a estudiar el corazón de tu pareja
Muchas crisis matrimoniales no comienzan porque el amor desapareció, sino porque dejamos de prestar atención.
Con el tiempo podemos acostumbrarnos tanto a nuestra pareja que dejamos de hacer preguntas. Asumimos que sabemos lo que necesita o pensamos que porque algo no es importante para nosotros tampoco debería serlo para ella o para él.
Pero amar bien requiere curiosidad.
Pregúntale a tu pareja:
"¿Qué te hace sentir amado o amada por mí?"
"¿Hay algo que necesitas de mí que últimamente no has recibido?"
"¿Qué podría hacer para que te sientas más acompañado o acompañada?"
Y cuando responda, no te defiendas. Escucha.
El objetivo no es discutir quién tiene mayores necesidades ni exigir que el otro llene las nuestras primero. El matrimonio florece cuando ambos comienzan a preguntarse: "¿Cómo puedo servir mejor al corazón de la persona que Dios puso a mi lado?"
Tal vez hoy no necesites una gran intervención para mejorar tu matrimonio.
Quizá necesitas algo mucho más sencillo: volver a prestar atención.
Mira a la persona con quien te casaste. Escucha su corazón. Descubre lo que necesita y toma la decisión de amarla, no solamente de la manera que te resulta natural, sino de la manera que realmente puede recibir tu amor.
Eso también es aprender a amar mejor.