Durante el noviazgo sucede algo interesante: prestamos atención a todo.
Observamos qué le gusta a la otra persona, qué la hace sonreír, cuál es su comida favorita, qué detalle podría sorprenderla y hasta recordamos comentarios que hizo semanas atrás.
¿Por qué?
Porque estamos estudiando su corazón.
Pero después nos casamos, llegan el trabajo, las cuentas, los hijos, las agendas y el cansancio. Sin darnos cuenta, podemos dejar de hacer aquello que antes surgía con tanta naturalidad.
Y un día alguien dice: "Ya no somos como antes".
La buena noticia es que no tenemos que ser como antes.
Podemos construir algo todavía mejor.
El romanticismo necesita compromiso
Uno de los errores que cometemos es pensar que el romanticismo depende de sentirnos románticos.
Pero el matrimonio no puede sostenerse solamente sobre sentimientos. Los sentimientos cambian. El compromiso permanece.
El verdadero amor matrimonial está fundamentado en un pacto, y dentro de ese pacto el romanticismo se convierte en una manera práctica de seguir cultivando la relación.
No necesitamos esperar a sentir mariposas para hacer algo especial por nuestra pareja. Muchas veces ocurre al revés: comenzamos nuevamente a hacer las cosas que expresan amor y, con el tiempo, los sentimientos vuelven a despertar.
Primero hacemos lo correcto. Después el corazón comienza a responder.
Vuelve a estudiar a tu pareja
El romanticismo tampoco significa comprar flores constantemente, preparar cenas elegantes o planear viajes costosos.
Ser romántico significa crear intencionalmente una atmósfera donde nuestra pareja se sienta amada, valorada y deseada.
Una de las mejores maneras de hacerlo es regresar a algo que hacíamos durante el noviazgo: estudiar a nuestra pareja.
¿Qué disfruta?
¿Qué le preocupa?
¿Qué detalle le comunica amor?
¿Qué necesidad puedo suplir antes de que tenga que pedírmelo?
Hay algo profundamente significativo cuando nuestro cónyuge descubre que prestamos atención. Un pequeño acto puede comunicar algo mucho más grande:
"Te conozco".
"Estaba pensando en ti".
"Sigues siendo importante para mí".
Aprende a hablar su idioma
También debemos reconocer que lo que para nosotros parece romántico quizá no produzca el mismo efecto en nuestra pareja.
Para muchos hombres, el romance puede estar relacionado con la intimidad física, la admiración, el reconocimiento y disfrutar actividades juntos.
Para muchas mujeres, puede estar relacionado con la conexión emocional, la conversación, la ternura y el tiempo de calidad.
Por eso digo que un buen matrimonio necesita volverse bilingüe.
Necesitamos aprender el idioma emocional de nuestra pareja.
El amor maduro no solamente dice: "Así es como yo demuestro amor". También pregunta: "¿Cómo recibe amor la persona que amo?"
No esperes una crisis para volver a conquistar a tu pareja
La pasión normalmente no desaparece de un día para otro. Se desgasta poco a poco.
Dejamos de conversar. Dejamos de salir. Dejamos de sorprendernos. Dejamos de tocarnos con ternura. Dejamos de decir lo que admiramos del otro.
Por eso el romanticismo no debe aparecer solamente cuando sentimos que estamos perdiendo el matrimonio. Necesitamos cultivarlo cuando todo está bien.
Una relación fuerte se construye con pequeños depósitos constantes: un mensaje inesperado, una conversación sin teléfonos, una cita, un abrazo, una palabra de admiración o hacer algo simplemente para aliviar la carga del otro.
No tiene que ser espectacular.
Tiene que ser intencional.
Así que esta semana quiero dejarte un reto sencillo:
Haz algo que le comunique a tu pareja: "Todavía te estoy poniendo atención".
No porque sea su cumpleaños. No porque sea su aniversario. No porque estés tratando de reparar una pelea.
Hazlo simplemente porque es la persona que elegiste amar.
Los buenos matrimonios no mantienen vivo el romance por accidente. Lo cultivan.
Y a veces, para comenzar a amar mejor, solamente necesitamos volver a hacer con intención aquello que un día hacíamos naturalmente.